LO QUE LE PASA AL FÚTBOL; ¿NOS PASA A NOSOTROS?
Algunos autores señalan que las competencias deportivas son representaciones simbólicas de la guerra en tiempos de paz. Afirmación que podríamos estar de acuerdo o no, pero el caso es que el deporte en general y el fútbol en particular es una parte fundamental en los proceso de socialización, tanto como expresión socio-cultural en su dimensión ritual (ceremonia) y como show-espectáculo (mercancía). Nadie podría desconocer que el fútbol es un lugar de reconocimiento y asociación, a través del cual (como pre-texto) se tejen y re-crean identidades clasistas, regionales y nacionales, siendo un lugar de encuentro inevitable (en algunos casos) de las y los ciudadanos, que se ha tejido en Chile desde 1892 con Santiago Wanderers en Valparaíso, al alero de los propios desarrollos modernizantes de la época, donde fuimos testigos del “paso de las manos suaves y cuidada de la oligarquía a las callosas y ásperas de las masas populares” (Santa Cruz, Eduardo). Donde el fútbol pasó de ser un práctica recreativa de jóvenes aristócratas a una pasión y expresión social y cultural de las masas populares y hoy extendida a toda la sociedad e integrándose en nuestras vidas cotidianas.
La lectura de comprender el deporte y específicamente el fútbol como herramienta de enajenación (manipulación de las masas), esto es, para que los ciudadanos(as) “no se sientan parte de los procesos de producción social”. Está muy lejos de la realidad, ya que el fútbol ha gatillado y gatilla en sus hinchas y seguidores (en sus ámbitos individuales y colectivos) representaciones sociales que van más allá de los 90 minutos de juego, donde se instala en la escena socio-deportiva (simbólicamente) todos los conflictos sociales, que se van re-actualizando cada fin de semana, no solo en nuestra ligas de fútbol profesional, sino también en todas las ligas amateurs de Chile. Donde los colores de la camiseta representan el territorio humano situado en la esperanza de dar sentido a la propia vida moderna rutinaria, sobre todo en aquellos sectores sociales que inconsciente o conscientemente han aprendido el fracaso y la desesperanza.
GANAR, GUSTAR Y GOLEAR, se transforma en una trilogía surrealista perfecta, ya que el hincha está viviendo explosivamente un sueño despierto. Pero cuando se cumple esta trilogía, superamos la tipología del hincha en todas sus versiones: espectador, aficionado y el fanático (Verdú, Vicente). Emerge en este contexto el “ciudadano-deportivo”, que aunque no participe de una cultura futbolística, se hace parte de esta moral compartida. Pero estamos en presencia de un hito que marca un antes y un después, no solo para el fútbol profesional, sino para toda la estructura social. Recordemos cuando Colo-Colo gana la copa Libertadores, paradójicamente en el año 1991, en las puertas de la transición política de Chile. Hoy la Universidad de Chile ha ganado la Copa Sudamericana, en el año con más movilizaciones estudiantiles y sociales vividas en democrática desde la década de los ‘90.
El fútbol, no dejará de ser para unos (sus adeptos), ni para otros (sus detractores), una expresión que nos (re)presenta, ya que está cargado de una densidad simbólica cultural y social capaz de movilizar a millones de jóvenes y no tan jóvenes a sentirse ganadores de “algo”, que los medios de comunicación nos recordará una y otra vez, y donde se revivirá segundo a segundo, ya no el sueño utópico inalcanzable, sino la posibilidad cierta de haber obtenido parte de ese triunfo. Cada cierto tiempo (20 años), el fútbol profesional chileno, nos deja entrever nuestras propias contradicciones, anhelos, esperanzas, sueños, miedos y expectativas como sociedad. La moral moderna, expresada en una de sus formas deportivas: GANAR, GUSTAR y GOLEAR, hoy debería movilizarnos a re-significar la pregunta sobre el sentido de nuestras prácticas ya no deportivas, sino sobre nuestras prácticas sociales y políticas. El caso emblemático es la actual ley de violencia en los estadios con sus nuevos componentes…
Juan Carlos Molina C.
2012
Valparaíso-Chile
LA BARRA DEL CLUB PROFESIONAL COLO-COLO: GARRA BLANCA. ENTRE LA SUPERVIVENCIA Y LA TRANSGRESIÓN. LA OTRA CARA DE LA PARTICPACIÓN URBANO-JUVENIL EN CHILE (1995-2000)
(fragmento de investigación)
I. Problematización
Quien desconoce que el fútbol a nivel mundial es un fenómeno social de masas, es que no ha considerado el fenómeno en su real dimensión. El fútbol se ha transformado en una de las primeras demandas sociales, convocando en un mismo espacio y tiempo a espectadores, hinchas y barristas. Las diferentes etnias, clases sociales, sistemas económicos y culturales a través del fútbol han vivenciado una transculturación sin límites, moldeada y legitimado por el proceso de globalización o mundialización. No importa la edad, el sexo, la etnia o la procedencia social, el fútbol nivela simbólicamente (en principio) las diferencias y los conflictos sociales (neutralización artificial), por esta razón representa indiscutiblemente para los Estados Nacionales una de las heramientas más eficaces y pertinentes para comunicar (bien o mal) y dar sentido a los valores democráticos.
Sin duda que el hilo conductor que ha motivado la incorporación del fútbol a la masa popular por parte de los gobiernos (de todos los colores políticos), ha sido los valores civilizatorios que el deporte conlleva y oxigena. Con razón el fútbol sudamericano -Argentina, Uruguay, Brasil y Chile- se utilizó como herramienta civilizatoria, la que se insertó en un proceso de modernización y progreso. Fue así como la oligarquía impuso el fútbol como instrumento de educación, por sobre la mera entretención, concentrándose en su carácter social "positivo": equilibrio social, normalidad, salud mental, salud física, sana competencia, destreza física, etc.
El fútbol se ha transformado con los años en una fuerte instancia de participación, instalándose de lleno en toda la sociabilidad latinoamericana en general y chilena en particular. Desde la llamada cruzada por la ilustración popular (principios de siglo), que difundió y consecuentemente popularizó el fútbol, hasta las actuales políticas estatales (públicas y privadas).
Primero como instancia de encuentro y competencia, y luego como experiencia social y cultural, donde los sectores populares con el tiempo, se fueron apropiando de esta práctica deportiva. Este proceso de apropiación generó nuevas formas de organización y sociabilidad en torno al juego. Aparecen nuevos valores a nivel social, como el competir y el ganar, y sin duda el lucimiento individual y colectivo adquiere particular relevancia.
"Ganar, golear y gustar" pasa a formar parte de la identidad (social-deportiva) del sector popular, afirmando valores y conductas propias de dichos sectores sociales. La festividad como pre-texto de encuentro o reconciliación entre sus pares, anilla en el fútbol una práctica sistemática y duradera.
El fútbol es pasión, pero también es mercancía y en este juego de poder participan tres actores: la hinchada, las dirigencias y los medios de comunicación. La hinchada por un lado lucha por "mantener el fútbol y su relativa autonomía" mientras las dirigencias y los medios se reparten las ganancias económicas.
En la actualidad el fútbol profesional se define solo a partir del cálculo económico, predominando por sobre lo netamente deportivo y variables socioculturales, en este contexto el fútbol deja de ser una actividad que sólo convoca entretención y distracción, el fútbol en las sociedades modernas (mass media y post-mass media) es una expresión de poder (económico). Una dinámica que se mueve dialécticamente entre lo tradicional y lo moderno, entre la comunidad y la sociedad, entre las relaciones cara cara y el contrato social, entre lo particular y lo general, entre el espacio cultural y el espacio mercantil, entre lo público y lo privado.
II. Control y disciplinamiento a partir del deporte
Durante la dictadura militar (Chile: 1973-1989) la Digeder (Dirección General de Deportes y Recreación) a través del Centro de Deporte y Recreación con el objetivo de administrar a través del deporte la ocupación del tiempo libre, invierte una gran cantidad de dinero en infraestructuras para el deporte recreativo: canchas de fútbol, baby fútbol y gimnasios. De esta forma se instala oficialmente al deporte como instancia de entretenimiento, encuentro, salud y disciplinamiento para las masas populares.
Este tipo de políticas no es algo nuevo en la escena nacional, históricamente el deporte ha representado los valores democráticos (igualdad y sana competencia), siendo una herramienta eficaz al momento de necesitar afirmar y legitimar los valores nacionales o una posible identidad nacional en coyunturas socio-políticas adversas para los gobiernos de turno.
Es en este ámbito que el fútbol profesional y amateur se ha autorrealizado y legitimado a nivel de todo el tejido macro y micro social. Evidenciando a nivel de las prácticas y discursos formales e informales del deporte (clubes de barrios, clubes profesionales, etc.) un tipo específico de normalización y regulación cuerpo-mente al servicio de una visión de mundo particular: el paradigma moderno-neoliberal y post-neoliberal.
Estos antecedentes explican como el deporte y en este caso el fútbol, es utilizado como un elemento de limpieza social, "es sano y moralmente bueno". Desde esta perspectiva podemos comprender la estrategia ideológica que en los '80 la dictadura militar en Chile desarrolló en la esfera deportiva al momento en que los jóvenes populares se levantaron contra el régimen autoritario. No es azaroso que este tipo de políticas deportivas sean llevadas a cabo en las comunas más populares y dirigidas sobre todo a la población juvenil poblacional.
El discurso de "cuerpo sano y mente sana" jugó un papel ideológico de evasión social, respecto a la realidad socio-política que vivía el país. Pero esta utilización del deporte como evasión gatilló y movilizó identidades populares ya instaladas a nivel de tejidos microscópicos.
III. Participación juvenil-popular
Al hablar de juventud popular, es importante referirnos a los espacios de participación que poseen los jóvenes. En los '90 En el contexto institucional de neoliberalismo, los agentes juveniles han tenido un tipo de participación social pauteada por el consumo y la imagen, elementos que ejercen una función de integración social fomentada hacia los jóvenes en riesgo social por la vía de la capacitación laboral, en el marco de la superación de la pobreza, suprimiendo el desarrollo de la cultura juvenil popular.
La encuesta realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), durante los períodos 1994 -1997 a jóvenes de 15 a 29 años, nos entrega resultados interesantes en relación a la participación social y política del mundo juvenil. El alto porcentaje de no inscripción en los registros electorales (48%), el desinterés por los partidos políticos (81%), la baja confianza en los partidos políticos (27%) y en los parlamentarios (33%) y la baja participación del mundo juvenil en organizaciones (51%), sin desconocer la participación en organizaciones deportivas (21%) y vecinal-comunitaria (15%), nos señala un choque frontal con el sistema de representación política y participación social .
Nos enfrentamos a un tipo de participación juvenil con gran capacidad de adaptación y cambio frente a un medio social adverso, sin embargo esta participación no estaría insertada en los espacios llamados tradicionales como son los partidos políticos, los sindicatos y los centros juveniles, entre otros. Los intereses y motivaciones juveniles no poseen una representación válida en la institucionalidad vigente, dicho de otra manera, la voluntad del Estado soberano no coincide con la voluntad deseante juvenil. Dicha problemática nos lleva a preguntarnos ¿cómo vivencian los jóvenes su participación en los campos de poder donde se arma y desmonta el imaginario social, si sus prácticas y hablas socio-juveniles son homogeneizadas o administradas por la razón de Estado?
IV. El fútbol, un caso particular de empoderamiento juvenil popular
El mundo juvenil comienza a crear y autodeterminar espacios de encuentro y expresiones. Necesidades, intereses y expectativas juveniles no satisfechas ni representadas por el modelo societal, comienzan a apropiarse de tiempos y espacios dados socialmente, tales como el estadio y el fin de semana.
"Nosotros cachamos que los cabros no tienen otras expresiones en las poblaciones, ahora no existen los Centros Culturales, los Centros Juveniles, las juventudes políticas no llenan a la juventud actual... el único espacio que les va quedando son las barras" .
Se desplaza al clásico hincha del fútbol para llegar a configurar a fines de los ochenta las prácticas sociales de los integrantes de las Barras Bravas, irrumpiendo a partir de una identidad socio-deportiva en la esfera pública. Los cantos y la expresividad desenfrenada no sólo reflejan actuaciones y representaciones deportivas, sino también actuaciones y representaciones socio-culturales. Sociológicamente resulta interesante el impacto y la irrupción sociopolítica de las barras bravas, -en particular de la conocida "barra popular" Garra Blanca- en el espacio público, donde el fútbol como campo de convocatoria pre-textual ha movilizado capitales y pasiones populares que ni la experiencia dictatorial, ni las políticas del gobierno de transición han logrado extirpar.
Observamos capitales culturales juveniles populares que no poseen un lugar legítimo en el espacio público, donde sólo se expresa una razón de Estado que deslegitima dichas prácticas y expresiones juveniles a través de políticas de represión y disciplinamiento, como es el caso de la Ley de Violencia en los Estadios, normativa que dispone el cierre de las botillerías a las 12 p.m., y el intento por tipificar la capacidad de discernimiento en caso de delitos a los 14 años (hoy en Chile este dispositivo está operando y la ley de violencia posee restricciones más severas, punitivas y también contrarias al propio quehacer de la festividad del fútbol, como por ejemplo la prohibición de ingresar al estadio con instrumentos musicales entre otros objetos).
Las prácticas sociales de la Garra Blanca han re-significado la participación ciudadana juvenil, instalándose en el espacio público desde una expresión popular que transgrede y subjetiviza el orden instituido.
"Yo soy el cabro Chavo de los Gansters, el grupo más rebelde que se ha rebelado contra los bullangueros culiaos. Nosotros somos de la calle, nos juntamos en el Bella, nos juntamos en tocatas, entre punkies, chascones, trasher y hueá...todos garreros"
El "tablón", en el estadio se transforma en una plataforma de encuentro, donde se constituyen identidades sociales, tipos de organización y de proyectualidad. Los diversos lenguajes juveniles populares que no acceden directamente a un espacio social de participación "dado", han encontrado en la Garra Blanca un protagonismo real. Protagonismo que no tiene que ver con la buena ocupación del tiempo libre, sino con la producción y creación social de un proyecto común.
V. La festividad y las representaciones juveniles
La delincuencia, la drogadicción y el alcoholismo actúan como ejes del conflicto en la interacción de los sectores juveniles con el aparato institucional, ya que la protección, el cobijo, la supervivencia urbana, el afecto y la lealtad, no habitan en la promesa del buen juicio adulto instituido, sino en los tejidos micro populares que a golpes se han constituido como el único espacio real de representación juvenil. El carrete, por ejemplo, constituye para la juventud de hoy un tiempo y un espacio real de expresión y representación, donde el beber alcohol y el consumir drogas, al igual que asistir a un estadio o a un concierto de rock, se transforma en un mecanismo de socialización y liberación.
"Al estadio vai a jaranear,a cantar, a conocer amigos, tomai copete, fumai. Es una hueá liberal, igual como el recital de Los Cadilac, una hueá al aire libre, onda todos los hueones tomando, otros hueones fumando yerba. Libres, nadien te paquea".
Más que autodestrucción o desbordamiento del cuerpo y la mente, la experiencia de las drogas y el alcohol es un 'ritual de liberación', aunque esté supeditado a la lógica del consumo. La atracción de la noche, del consumo de drogas es quizás el reflejo de una generación que habita en un sistema social que incita al consumo y reprime la transgresión. Generación que vive en carne propia el des-cuento de la memoria juvenil y que se abre a la búsqueda del sentido, el que necesariamente pasa por una subjetivización de los procesos sociales.
"En la vivencia del 'moverse' (más que del movimiento), de 'atinar' (más que de cumplir), del 'más o menos' (más que 'el más' o 'el menos'), del derrepente (más que 'un presente para un futuro'), la incertidumbre, el suspenso, se hace identidad abierta".
La experiencia juvenil popular en un contexto post-industrial y desde las diversas plataformas expresivas se abre a la riqueza de los acontecimientos, que en este caso, apelando quizás como simple pre-texto ser hincha de Colo-Colo, se constituye como uno de los espacios de participación más representativos de la generación de los '90. Generación caracterizada por poner en juego y buscar el sentido de las prácticas juveniles a partir de identidades abiertas, re-encantando y re-significando sus espacios territoriales.
Concluimos que la apropiación del fútbol en los 90', por parte de los sectores juveniles ha significado por un lado, transformar el campo del “hinchismo” y por otro la creación y autodeterminación de un espacio de participación, identidad y proyección juvenil.
Este tipo de apropiación y empoderamiento ha conglomerado identidades y pasiones que en otro contexto no se habrían dado. Es por tanto el campo socio-deportivo el pre-texto juvenil que moviliza las voluntades que desean un cambio radical de la sociedad. Cambio social que estos jóvenes populares a nivel de micros mallas vivenciales están gestando y reproduciendo: por un lado Los de Abajo con su proyecto de la Escuela Libre y por otro la Garra Blanca con su Casa Cultural -La Casona- (esta iniciativas ya no existen).
La irrupción de las barras bravas pone en jaque los pilares que sustentan la democracia representativa. Sus prácticas y percepciones re-arman desde abajo (contacto y roce) lazos societales de confianza y lealtad. Los barristas apelan a horizontes axiológicos democráticos, que en un contexto post-industrial y con un modelo de Estado-nación neoliberal le son negados.
Debemos comprender la irrupción de las barras bravas, particularmente de la Garra Blanca, como una experiencia de participación, organización e identidad juvenil. Considerando que el fútbol, como fenómeno de masas en un contexto social nuevo y adverso, gatilla identidades locales y re-crea solidaridades para la construcción de una nueva convivencia social.
Chile, 1999 (texto original)
Marién Cifuentes C., Socióloga y Juan Carlos Molina C., Sociólogo
Los paránetesis que se encuentran en este texto (con este color), son actuales, ya que hay antecedentes mencionados en el año 1999 y que hoy están operando en Chile o bien se han visto modificados.
Citas:
Santa Cruz, Eduardo: Origen y futuro de una pasión: fútbol, cultura y modernidad. Ediciones ARCIS-LOM, Santiago, 1995.
2 Encuesta Injuv, 1997.
3 Entrevista al "Rodilla".
4 Entrevista al "Chavo".
5 Entrevista a Pedro.
6 Cottet, Pablo y otros: Jóvenes de los 90: la generación de los descuentos. INJUV-Universidad Chile, 1997.
7Ibidem, p.17.
Algunos autores señalan que las competencias deportivas son representaciones simbólicas de la guerra en tiempos de paz. Afirmación que podríamos estar de acuerdo o no, pero el caso es que el deporte en general y el fútbol en particular es una parte fundamental en los proceso de socialización, tanto como expresión socio-cultural en su dimensión ritual (ceremonia) y como show-espectáculo (mercancía). Nadie podría desconocer que el fútbol es un lugar de reconocimiento y asociación, a través del cual (como pre-texto) se tejen y re-crean identidades clasistas, regionales y nacionales, siendo un lugar de encuentro inevitable (en algunos casos) de las y los ciudadanos, que se ha tejido en Chile desde 1892 con Santiago Wanderers en Valparaíso, al alero de los propios desarrollos modernizantes de la época, donde fuimos testigos del “paso de las manos suaves y cuidada de la oligarquía a las callosas y ásperas de las masas populares” (Santa Cruz, Eduardo). Donde el fútbol pasó de ser un práctica recreativa de jóvenes aristócratas a una pasión y expresión social y cultural de las masas populares y hoy extendida a toda la sociedad e integrándose en nuestras vidas cotidianas.
La lectura de comprender el deporte y específicamente el fútbol como herramienta de enajenación (manipulación de las masas), esto es, para que los ciudadanos(as) “no se sientan parte de los procesos de producción social”. Está muy lejos de la realidad, ya que el fútbol ha gatillado y gatilla en sus hinchas y seguidores (en sus ámbitos individuales y colectivos) representaciones sociales que van más allá de los 90 minutos de juego, donde se instala en la escena socio-deportiva (simbólicamente) todos los conflictos sociales, que se van re-actualizando cada fin de semana, no solo en nuestra ligas de fútbol profesional, sino también en todas las ligas amateurs de Chile. Donde los colores de la camiseta representan el territorio humano situado en la esperanza de dar sentido a la propia vida moderna rutinaria, sobre todo en aquellos sectores sociales que inconsciente o conscientemente han aprendido el fracaso y la desesperanza.
GANAR, GUSTAR Y GOLEAR, se transforma en una trilogía surrealista perfecta, ya que el hincha está viviendo explosivamente un sueño despierto. Pero cuando se cumple esta trilogía, superamos la tipología del hincha en todas sus versiones: espectador, aficionado y el fanático (Verdú, Vicente). Emerge en este contexto el “ciudadano-deportivo”, que aunque no participe de una cultura futbolística, se hace parte de esta moral compartida. Pero estamos en presencia de un hito que marca un antes y un después, no solo para el fútbol profesional, sino para toda la estructura social. Recordemos cuando Colo-Colo gana la copa Libertadores, paradójicamente en el año 1991, en las puertas de la transición política de Chile. Hoy la Universidad de Chile ha ganado la Copa Sudamericana, en el año con más movilizaciones estudiantiles y sociales vividas en democrática desde la década de los ‘90.
El fútbol, no dejará de ser para unos (sus adeptos), ni para otros (sus detractores), una expresión que nos (re)presenta, ya que está cargado de una densidad simbólica cultural y social capaz de movilizar a millones de jóvenes y no tan jóvenes a sentirse ganadores de “algo”, que los medios de comunicación nos recordará una y otra vez, y donde se revivirá segundo a segundo, ya no el sueño utópico inalcanzable, sino la posibilidad cierta de haber obtenido parte de ese triunfo. Cada cierto tiempo (20 años), el fútbol profesional chileno, nos deja entrever nuestras propias contradicciones, anhelos, esperanzas, sueños, miedos y expectativas como sociedad. La moral moderna, expresada en una de sus formas deportivas: GANAR, GUSTAR y GOLEAR, hoy debería movilizarnos a re-significar la pregunta sobre el sentido de nuestras prácticas ya no deportivas, sino sobre nuestras prácticas sociales y políticas. El caso emblemático es la actual ley de violencia en los estadios con sus nuevos componentes…
Juan Carlos Molina C.
2012
Valparaíso-Chile
LA BARRA DEL CLUB PROFESIONAL COLO-COLO: GARRA BLANCA. ENTRE LA SUPERVIVENCIA Y LA TRANSGRESIÓN. LA OTRA CARA DE LA PARTICPACIÓN URBANO-JUVENIL EN CHILE (1995-2000)
(fragmento de investigación)
I. Problematización
Quien desconoce que el fútbol a nivel mundial es un fenómeno social de masas, es que no ha considerado el fenómeno en su real dimensión. El fútbol se ha transformado en una de las primeras demandas sociales, convocando en un mismo espacio y tiempo a espectadores, hinchas y barristas. Las diferentes etnias, clases sociales, sistemas económicos y culturales a través del fútbol han vivenciado una transculturación sin límites, moldeada y legitimado por el proceso de globalización o mundialización. No importa la edad, el sexo, la etnia o la procedencia social, el fútbol nivela simbólicamente (en principio) las diferencias y los conflictos sociales (neutralización artificial), por esta razón representa indiscutiblemente para los Estados Nacionales una de las heramientas más eficaces y pertinentes para comunicar (bien o mal) y dar sentido a los valores democráticos.
Sin duda que el hilo conductor que ha motivado la incorporación del fútbol a la masa popular por parte de los gobiernos (de todos los colores políticos), ha sido los valores civilizatorios que el deporte conlleva y oxigena. Con razón el fútbol sudamericano -Argentina, Uruguay, Brasil y Chile- se utilizó como herramienta civilizatoria, la que se insertó en un proceso de modernización y progreso. Fue así como la oligarquía impuso el fútbol como instrumento de educación, por sobre la mera entretención, concentrándose en su carácter social "positivo": equilibrio social, normalidad, salud mental, salud física, sana competencia, destreza física, etc.
El fútbol se ha transformado con los años en una fuerte instancia de participación, instalándose de lleno en toda la sociabilidad latinoamericana en general y chilena en particular. Desde la llamada cruzada por la ilustración popular (principios de siglo), que difundió y consecuentemente popularizó el fútbol, hasta las actuales políticas estatales (públicas y privadas).
Primero como instancia de encuentro y competencia, y luego como experiencia social y cultural, donde los sectores populares con el tiempo, se fueron apropiando de esta práctica deportiva. Este proceso de apropiación generó nuevas formas de organización y sociabilidad en torno al juego. Aparecen nuevos valores a nivel social, como el competir y el ganar, y sin duda el lucimiento individual y colectivo adquiere particular relevancia.
"Ganar, golear y gustar" pasa a formar parte de la identidad (social-deportiva) del sector popular, afirmando valores y conductas propias de dichos sectores sociales. La festividad como pre-texto de encuentro o reconciliación entre sus pares, anilla en el fútbol una práctica sistemática y duradera.
El fútbol es pasión, pero también es mercancía y en este juego de poder participan tres actores: la hinchada, las dirigencias y los medios de comunicación. La hinchada por un lado lucha por "mantener el fútbol y su relativa autonomía" mientras las dirigencias y los medios se reparten las ganancias económicas.
En la actualidad el fútbol profesional se define solo a partir del cálculo económico, predominando por sobre lo netamente deportivo y variables socioculturales, en este contexto el fútbol deja de ser una actividad que sólo convoca entretención y distracción, el fútbol en las sociedades modernas (mass media y post-mass media) es una expresión de poder (económico). Una dinámica que se mueve dialécticamente entre lo tradicional y lo moderno, entre la comunidad y la sociedad, entre las relaciones cara cara y el contrato social, entre lo particular y lo general, entre el espacio cultural y el espacio mercantil, entre lo público y lo privado.
II. Control y disciplinamiento a partir del deporte
Durante la dictadura militar (Chile: 1973-1989) la Digeder (Dirección General de Deportes y Recreación) a través del Centro de Deporte y Recreación con el objetivo de administrar a través del deporte la ocupación del tiempo libre, invierte una gran cantidad de dinero en infraestructuras para el deporte recreativo: canchas de fútbol, baby fútbol y gimnasios. De esta forma se instala oficialmente al deporte como instancia de entretenimiento, encuentro, salud y disciplinamiento para las masas populares.
Este tipo de políticas no es algo nuevo en la escena nacional, históricamente el deporte ha representado los valores democráticos (igualdad y sana competencia), siendo una herramienta eficaz al momento de necesitar afirmar y legitimar los valores nacionales o una posible identidad nacional en coyunturas socio-políticas adversas para los gobiernos de turno.
Es en este ámbito que el fútbol profesional y amateur se ha autorrealizado y legitimado a nivel de todo el tejido macro y micro social. Evidenciando a nivel de las prácticas y discursos formales e informales del deporte (clubes de barrios, clubes profesionales, etc.) un tipo específico de normalización y regulación cuerpo-mente al servicio de una visión de mundo particular: el paradigma moderno-neoliberal y post-neoliberal.
Estos antecedentes explican como el deporte y en este caso el fútbol, es utilizado como un elemento de limpieza social, "es sano y moralmente bueno". Desde esta perspectiva podemos comprender la estrategia ideológica que en los '80 la dictadura militar en Chile desarrolló en la esfera deportiva al momento en que los jóvenes populares se levantaron contra el régimen autoritario. No es azaroso que este tipo de políticas deportivas sean llevadas a cabo en las comunas más populares y dirigidas sobre todo a la población juvenil poblacional.
El discurso de "cuerpo sano y mente sana" jugó un papel ideológico de evasión social, respecto a la realidad socio-política que vivía el país. Pero esta utilización del deporte como evasión gatilló y movilizó identidades populares ya instaladas a nivel de tejidos microscópicos.
III. Participación juvenil-popular
Al hablar de juventud popular, es importante referirnos a los espacios de participación que poseen los jóvenes. En los '90 En el contexto institucional de neoliberalismo, los agentes juveniles han tenido un tipo de participación social pauteada por el consumo y la imagen, elementos que ejercen una función de integración social fomentada hacia los jóvenes en riesgo social por la vía de la capacitación laboral, en el marco de la superación de la pobreza, suprimiendo el desarrollo de la cultura juvenil popular.
La encuesta realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), durante los períodos 1994 -1997 a jóvenes de 15 a 29 años, nos entrega resultados interesantes en relación a la participación social y política del mundo juvenil. El alto porcentaje de no inscripción en los registros electorales (48%), el desinterés por los partidos políticos (81%), la baja confianza en los partidos políticos (27%) y en los parlamentarios (33%) y la baja participación del mundo juvenil en organizaciones (51%), sin desconocer la participación en organizaciones deportivas (21%) y vecinal-comunitaria (15%), nos señala un choque frontal con el sistema de representación política y participación social .
Nos enfrentamos a un tipo de participación juvenil con gran capacidad de adaptación y cambio frente a un medio social adverso, sin embargo esta participación no estaría insertada en los espacios llamados tradicionales como son los partidos políticos, los sindicatos y los centros juveniles, entre otros. Los intereses y motivaciones juveniles no poseen una representación válida en la institucionalidad vigente, dicho de otra manera, la voluntad del Estado soberano no coincide con la voluntad deseante juvenil. Dicha problemática nos lleva a preguntarnos ¿cómo vivencian los jóvenes su participación en los campos de poder donde se arma y desmonta el imaginario social, si sus prácticas y hablas socio-juveniles son homogeneizadas o administradas por la razón de Estado?
IV. El fútbol, un caso particular de empoderamiento juvenil popular
El mundo juvenil comienza a crear y autodeterminar espacios de encuentro y expresiones. Necesidades, intereses y expectativas juveniles no satisfechas ni representadas por el modelo societal, comienzan a apropiarse de tiempos y espacios dados socialmente, tales como el estadio y el fin de semana.
"Nosotros cachamos que los cabros no tienen otras expresiones en las poblaciones, ahora no existen los Centros Culturales, los Centros Juveniles, las juventudes políticas no llenan a la juventud actual... el único espacio que les va quedando son las barras" .
Se desplaza al clásico hincha del fútbol para llegar a configurar a fines de los ochenta las prácticas sociales de los integrantes de las Barras Bravas, irrumpiendo a partir de una identidad socio-deportiva en la esfera pública. Los cantos y la expresividad desenfrenada no sólo reflejan actuaciones y representaciones deportivas, sino también actuaciones y representaciones socio-culturales. Sociológicamente resulta interesante el impacto y la irrupción sociopolítica de las barras bravas, -en particular de la conocida "barra popular" Garra Blanca- en el espacio público, donde el fútbol como campo de convocatoria pre-textual ha movilizado capitales y pasiones populares que ni la experiencia dictatorial, ni las políticas del gobierno de transición han logrado extirpar.
Observamos capitales culturales juveniles populares que no poseen un lugar legítimo en el espacio público, donde sólo se expresa una razón de Estado que deslegitima dichas prácticas y expresiones juveniles a través de políticas de represión y disciplinamiento, como es el caso de la Ley de Violencia en los Estadios, normativa que dispone el cierre de las botillerías a las 12 p.m., y el intento por tipificar la capacidad de discernimiento en caso de delitos a los 14 años (hoy en Chile este dispositivo está operando y la ley de violencia posee restricciones más severas, punitivas y también contrarias al propio quehacer de la festividad del fútbol, como por ejemplo la prohibición de ingresar al estadio con instrumentos musicales entre otros objetos).
Las prácticas sociales de la Garra Blanca han re-significado la participación ciudadana juvenil, instalándose en el espacio público desde una expresión popular que transgrede y subjetiviza el orden instituido.
"Yo soy el cabro Chavo de los Gansters, el grupo más rebelde que se ha rebelado contra los bullangueros culiaos. Nosotros somos de la calle, nos juntamos en el Bella, nos juntamos en tocatas, entre punkies, chascones, trasher y hueá...todos garreros"
El "tablón", en el estadio se transforma en una plataforma de encuentro, donde se constituyen identidades sociales, tipos de organización y de proyectualidad. Los diversos lenguajes juveniles populares que no acceden directamente a un espacio social de participación "dado", han encontrado en la Garra Blanca un protagonismo real. Protagonismo que no tiene que ver con la buena ocupación del tiempo libre, sino con la producción y creación social de un proyecto común.
V. La festividad y las representaciones juveniles
La delincuencia, la drogadicción y el alcoholismo actúan como ejes del conflicto en la interacción de los sectores juveniles con el aparato institucional, ya que la protección, el cobijo, la supervivencia urbana, el afecto y la lealtad, no habitan en la promesa del buen juicio adulto instituido, sino en los tejidos micro populares que a golpes se han constituido como el único espacio real de representación juvenil. El carrete, por ejemplo, constituye para la juventud de hoy un tiempo y un espacio real de expresión y representación, donde el beber alcohol y el consumir drogas, al igual que asistir a un estadio o a un concierto de rock, se transforma en un mecanismo de socialización y liberación.
"Al estadio vai a jaranear,a cantar, a conocer amigos, tomai copete, fumai. Es una hueá liberal, igual como el recital de Los Cadilac, una hueá al aire libre, onda todos los hueones tomando, otros hueones fumando yerba. Libres, nadien te paquea".
Más que autodestrucción o desbordamiento del cuerpo y la mente, la experiencia de las drogas y el alcohol es un 'ritual de liberación', aunque esté supeditado a la lógica del consumo. La atracción de la noche, del consumo de drogas es quizás el reflejo de una generación que habita en un sistema social que incita al consumo y reprime la transgresión. Generación que vive en carne propia el des-cuento de la memoria juvenil y que se abre a la búsqueda del sentido, el que necesariamente pasa por una subjetivización de los procesos sociales.
"En la vivencia del 'moverse' (más que del movimiento), de 'atinar' (más que de cumplir), del 'más o menos' (más que 'el más' o 'el menos'), del derrepente (más que 'un presente para un futuro'), la incertidumbre, el suspenso, se hace identidad abierta".
La experiencia juvenil popular en un contexto post-industrial y desde las diversas plataformas expresivas se abre a la riqueza de los acontecimientos, que en este caso, apelando quizás como simple pre-texto ser hincha de Colo-Colo, se constituye como uno de los espacios de participación más representativos de la generación de los '90. Generación caracterizada por poner en juego y buscar el sentido de las prácticas juveniles a partir de identidades abiertas, re-encantando y re-significando sus espacios territoriales.
Concluimos que la apropiación del fútbol en los 90', por parte de los sectores juveniles ha significado por un lado, transformar el campo del “hinchismo” y por otro la creación y autodeterminación de un espacio de participación, identidad y proyección juvenil.
Este tipo de apropiación y empoderamiento ha conglomerado identidades y pasiones que en otro contexto no se habrían dado. Es por tanto el campo socio-deportivo el pre-texto juvenil que moviliza las voluntades que desean un cambio radical de la sociedad. Cambio social que estos jóvenes populares a nivel de micros mallas vivenciales están gestando y reproduciendo: por un lado Los de Abajo con su proyecto de la Escuela Libre y por otro la Garra Blanca con su Casa Cultural -La Casona- (esta iniciativas ya no existen).
La irrupción de las barras bravas pone en jaque los pilares que sustentan la democracia representativa. Sus prácticas y percepciones re-arman desde abajo (contacto y roce) lazos societales de confianza y lealtad. Los barristas apelan a horizontes axiológicos democráticos, que en un contexto post-industrial y con un modelo de Estado-nación neoliberal le son negados.
Debemos comprender la irrupción de las barras bravas, particularmente de la Garra Blanca, como una experiencia de participación, organización e identidad juvenil. Considerando que el fútbol, como fenómeno de masas en un contexto social nuevo y adverso, gatilla identidades locales y re-crea solidaridades para la construcción de una nueva convivencia social.
Chile, 1999 (texto original)
Marién Cifuentes C., Socióloga y Juan Carlos Molina C., Sociólogo
Los paránetesis que se encuentran en este texto (con este color), son actuales, ya que hay antecedentes mencionados en el año 1999 y que hoy están operando en Chile o bien se han visto modificados.
Citas:
Santa Cruz, Eduardo: Origen y futuro de una pasión: fútbol, cultura y modernidad. Ediciones ARCIS-LOM, Santiago, 1995.
2 Encuesta Injuv, 1997.
3 Entrevista al "Rodilla".
4 Entrevista al "Chavo".
5 Entrevista a Pedro.
6 Cottet, Pablo y otros: Jóvenes de los 90: la generación de los descuentos. INJUV-Universidad Chile, 1997.
7Ibidem, p.17.